(GEC)
Editorial Perú21

Se cierra de la peor manera el año en lo que respecta a los colegios, a la educación en el Perú, que tan presente debería tener, en cambio, un presidente de la República que es justamente un maestro.

Vamos a la cola de la región en retorno a la presencialidad escolar, con las graves consecuencias que esta situación representa para los aprendizajes y la salud mental de los niños. Y por si fuese poco, el presidente Castillo tuvo al sector sin ministro casi una semana, desde que Gallardo se viera obligado a dejar el cargo. Un ministro que dedicó casi toda su corta e ineficiente gestión a petardear los avances de la carrera pública magisterial y a anteponer angurrias sindicales –siguiendo intereses y lineamientos que comparte con el gremio del mandatario– a los derechos de los educandos y, en consecuencia, del futuro del país.

Y en medio de estos desaguisados, los ministerios de Salud y Educación se contradicen y desautorizan entre ellos sobre el retorno a la presencialidad en los colegios, anunciado con bombos y platillos por Pedro Castillo cuando la sociedad civil lo apuró a pronunciarse sobre el tema. Un nuevo papelón del gobierno, entre tantos otros, pero que en esta oportunidad afecta directamente a niños y adolescentes peruanos, que seguirán relegados en sus aprendizajes por la incompetencia de las autoridades.

No se ha avanzado casi nada en la logística ni en la infraestructura requerida para este urgente regreso a las aulas, que, como indica un reciente reporte de Unicef, otros países de la región, más preocupados por sus niños, están llevando a cabo organizada y cuidadosamente desde hace tiempo.

En el informe de Unicef se consigna, además, que el porcentaje de escolares beneficiados con este “lentísimo” retorno parcial a la presencialidad no pasa del 10% y se insinúa elegantemente que, tal como van las cosas, el gobierno difícilmente logrará ese anunciado retorno en el corto plazo, además de otros retos importantísimos que deberá afrontar en ese mismo trance, como son “las pérdidas de aprendizaje, la nueva diversidad dentro de las mismas aulas, los requerimientos socioemocionales y de salud mental, y la deserción escolar”.

Penoso que en un país gobernado por un maestro la educación esté por los suelos.