“A la izquierda le encanta decir que con ella el pueblo comerá mejor, pero mucho me temo que el pan, pollo y fideos caros desmoronarán esa promesa demagógica y perderán aprobación”. (GEC)
Aldo Mariátegui

[email protected]

-Cuentan que Alan García bromeaba con que el animal al que más le temía era el pollo. Respuesta muy lógica y aguda en un político sagaz, pues el pollo es la proteína animal más barata (fue relativamente cara hasta los 60, en que la producción de pollos pasó masivamente de los corrales a las granjas industriales, con alimento, pesos y ciclos de vida estandarizados) y más consumida en el Perú, con un gran impacto en la canasta familiar y en la inflación. Si sube el pollo, baja la aprobación de cualquier gobernante. Y el precio del pollo depende del costo del maíz importado que lo alimenta y del precio del dólar que paga esa importación. El dólar hasta ha bajado algo, pero, como informó ayer Gestión, el problema es que el maíz ha vuelto a subir mucho y ya está a US$226 la tonelada. Eso significa que el kilo andará por los 10 soles, precio efectiva y psicológicamente muy alto para el ciudadano común. Lo mismo está sucediendo con el trigo, que se ha elevado a US$374 la tonelada, que es un precio muy alto. Y del trigo salen el pan y los fideos, otros protagonistas de la mesa peruana, que le gusta consumir productos cerealeros que no produce. El pollo por lo menos tiene al rico y barato jurel como sustituto proteínico y el fideo tiene al arroz (¡otro cereal!, felizmente ese sí lo producimos), pero algo así no existe con el pan, y como ya el recurso de aligerar su peso no da más, subirá presumiblemente de precio. A la izquierda le encanta decir que con ella el pueblo comerá mejor, pero mucho me temo que el pan, pollo y fideos caros desmoronarán esa promesa demagógica y perderán aprobación.

-Parece que la salida de la deslucida antiminera Mirtha Vásquez –tan admirada por mi amiga Leoni Roca del gremio AFIN en sus tuits, tanto que hasta decía que “había aprendido mucho de ella” (¿?)– del premierato es cuestión de días. ¡Ojalá nomás que no pasemos de Guatemala a Guatepeor!